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Sábado, 23 de abril de 2005
Un trato justo a las personas con esquizofrenia y la eliminación de falsos tópicos son los objetivos fundamentales de la Asociación de Familiares y Enfermos Mentales de Alicante
La imagen del enfermo esquizofrénico ha sido siempre la de una persona peligrosa a la que temer. El miedo, en este caso, es producido por la ignorancia, por la generalización de tópicos creados por la sociedad y propagados por los medios de comunicación.
La realidad es bien distinta. Los enfermos esquizofrénicos son personas muy tímidas, con mucho miedo a relacionarse con los demás, aunque en la Asociación de Familiares y Enfermos Mentales de Alicante (Afema) conviven entre ellos y junto a los trabajadores sociales, educadores, terapeutas, monitores y psicólogos que forman el equipo humano que día a día ayuda a estas personas a superarse a sí mismos para demostrar a la sociedad cómo son de verdad.
Además, Afema cuenta con el Centro de Reinserción Social Ciudad Jardín, subvencionado por la Conselleria de Bienestar Social, donde informan que se ha invertido ya, desde su comienzo en el año 2002, un total de 1,11 millones de euros, con 70 plazas, y el Centro de Día, con 15 plazas. La instalación acoge a enfermos mentales crónicos de la comarca de l'Alacantí.
Rebeca explica su experiencia: «Yo tengo esquizofrenia con trastorno de conducta. En el centro en el que estaba antes de Afema me ayudaron mucho, y allí me salió un novio. Ahora voy al Cris de Ciudad Jardín. Me gusta ir porque así tengo un horario de sueño y hábito marcado. Allí participio en talleres de autoestima, biblioteca, cocina... y escribo en La voz del Cris». Uno de los episodios más desagradables de su enfermedad lo vivió en una reunión en el instituto de su hermano, en el que ella también estudió. «Me acerqué a la directora para saludarle. Me preguntó cómo estaba y le contesté que no muy bien, que tenia esquizofrenia. Ella se alejó de mí y me pidió que no le pegara. No se me olvidará nunca».
Curación
Los enfermos que habitualmente siguen el tratamiento pueden, incluso, llegar a curarse si se coge la enfermedad a tiempo. «Alrededor del 30% de esquizofrénicos llega a curarse. Y el 50% no lo hace, pero siguiendo el tratamiento consigue llevar una vida normal», asegura Sonia Mañá, psiquiatra de Afema.
Para los enfermos crónicos seguir el tratamiento es fundamental en su desarrollo. Así lo sabe Francisco, usuario de Afema, que dejó en dos ocasiones las pastillas. «La primera vez, con unos 18 años, estuve ocho meses sin tomarlas. La segunda vez fue a los 24 años, también por unos ocho meses. Estaba trabajando y me alimentaba mal y poco, porque vivía solo. Así hasta que tuve un brote muy fuerte y perdí la noción de la realidad. Me ingresaron en un psiquiátrico y a partir de ahí no la he vuelto a dejar».
A Puri le costó mucho aceptar su enfermedad. «Empecé a notar los síntomas en COU, pero no entendía lo que me pasaba. Me llevaron al médico y empezó a darme medicinas».
Pero tratamiento no es sinónimo, exclusivamente, de medicación. El método se completa con terapia social, por ejemplo. Para ello, un clima familiar estable es clave para la curación del enfermo. Las situaciones de estrés agravan la enfermedad, estando demostrado que en familias relajadas, «donde no se hace montañas de un grano de arena», según la psiquiatra, la enfermedad empieza a desarrollarse más tarde y es más fácil su curación.
Una buena comunicación es el pilar de la terapia. Comunicación, primero, entre la familia y el enfermo, que debe caracterizarse por la calma. Y comunicación entre el psiquiatra y la persona con esquizofrenia.
Para Sonia Mañá es imprescindible hacer que los enfermos, aunque no se curen, sean personas autónomas, que aprendan a valerse por sí mismos, «porque en muchos casos, cuando los padres fallecen, el enfermo tiene unos cuarenta años, y no sabe hacer nada en casa, por lo que la única solución es llevarle a una residencia de la tercera edad».
Afema también ha puesto solución a esto con las viviendas tuteladas, pisos compartidos por varios enfermos a cargo de educadores donde se entrenan para vivir de forma más independiente. Francisco comparte uno de estos pisos con otros tres hombres con esquizofrenia. «Aprendemos a manejarnos en la cocina, a ir al banco a sacar dinero, arreglar los papeles de la casa...» Pero Rebeca se queja de que sólo hay viviendas tuteladas para hombres. «Yo quiero vivir en un piso tutelado con otras compañeras».
Más de treinta usuarios de Afema, con trabajo
Muestra de la normalidad en la que viven hoy en día los enfermos mentales y, en particular, los esquizofrénicos, es el elevado número de ellos que actualmente trabaja o se encuentra en lista de espera para hacerlo. «Ya son más de treinta los que han conseguido un empleo, y la lista de espera ya supera las cien personas», señala Jose María Sánchez, presidente de Afema.
Este adelanto les ayuda a superarse y a servir como ejemplo a sus compañeros. «Los que están trabajando vienen después al Cris y se lo cuentan a los que están igual que ellos hace no mucho tiempo, y esto les anima mucho, porque ven que pueden llegar a hacer una vida normal a pesar de su enfermedad», comenta Carmen González, directora del Cris.
Conserje en la Universidad de Alicante y vigilante de museo son las dos profesiones que más ejercen estas personas, aunque el objetivo es aumentar los oficios para personas con discapacidad.
La inserción laboral forma parte de la terapia que siguen las personas con esquizofrenia.
Por: Iván Zarco Pareja | ¿Diferentes? | Comentarios (0) | Referencias (0)